jueves, 24 de enero de 2013

Florecer

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Toda semilla es siempre plantada en el fondo de la tierra. Debe sobrevivir al invierno, al frio. Debe pasar una larga temporada en el subsuelo, sin imaginarse que existe algo más grande. Allí crea sus raíces, se expande con total confianza por el infinito, como quien abre sus brazos. Aún no sabiendo que existe arriba, siente calor; eso le da fuerza para pujar por emerger. Luego comienza a crecer, le salen filamentos para buscar humedad, un largo tallo del cual se desprenden hojas que buscan la luz, que respiran.  Hasta que un día florece y muestra todo lo hermosa que es. Lo es desde que es una semilla, pero era necesario exteriorizarlo para combinar con el paisaje. Floreció en silencio, con paciencia, viviendo cada uno de los procesos que la llevo a un gran fin.

¿Cuánto se demora en crecer un árbol? ¿Cuando tiempo pasa una mariposa en su capullo? El tiempo es inexacto, es subjetivo. Lo que unos nombran como hora, otros lo llaman eternidad. Por eso es tan importante la paciencia, nada extraordinario se crea sin ella. La tierra tiene paciencia, como toda madre. Vive, respira con calma. Por eso es tan maravillosa, tan perfecta. Es importante convivir en el  ecosistema, ser parte de él pero al mismo tiempo un observador. Un invitado que debe respetar las leyes de esta convivencia perfecta, del equilibrio.

Con paciencia, con fuerza y siendo consiente que se debe crecer derecho, puedes llegar a cosechar los frutos del proceso. Es el fin que justifica los medios. Es la esperanza que nos queda y donde depositar la fe. Por eso me gusta el sur. Allá la tierra es fértil, nada malo nace de ella.
Debo reconocer que soy una fanática empedernida del mundo en el que vivo. Me maravilla cada una de los seres que lo habitan. Me fascinan los paisajes. Es precioso cuando el lugar que pasas todos los días, que subestimas, que crees conocer totalmente te maravilla mostrando todos sus colores en un amanecer. Soy una agradecida de poder aprender observando.  Soy, siento, pertenezco, crezco, todo lo que me sucede me sucede en este pequeño grano del universo.

Y así han ido pasando las estaciones, marcadas con cada una de sus características al máximo. Así llegamos al verano, lleno de tradiciones, de transformaciones. Puedo decir que ya salí de la tierra, me decidí y luche por llegar a sentir el sol, a poder sentir el viento y voy creciendo. Mi fe está en que, cuando todo termine, pueda cosechar grandes frutos. Quizás por eso me maravillo tanto con mundo, porque cuando estuve abajo soñaba con ver todos estos colores.

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