Toda
semilla es siempre plantada en el fondo de la tierra. Debe sobrevivir al
invierno, al frio. Debe pasar una larga temporada en el subsuelo, sin imaginarse que existe algo más grande. Allí crea sus raíces, se expande con total confianza por el
infinito, como quien abre sus brazos. Aún no sabiendo que existe arriba, siente
calor; eso le da fuerza para pujar por emerger. Luego comienza a crecer, le
salen filamentos para buscar humedad, un largo tallo del cual se desprenden
hojas que buscan la luz, que respiran.
Hasta que un día florece y muestra todo lo hermosa que es. Lo es desde
que es una semilla, pero era necesario exteriorizarlo para combinar con el
paisaje. Floreció en silencio, con paciencia, viviendo cada uno de los procesos
que la llevo a un gran fin.
¿Cuánto
se demora en crecer un árbol? ¿Cuando tiempo pasa una mariposa en su capullo?
El tiempo es inexacto, es subjetivo. Lo que unos nombran como hora, otros lo
llaman eternidad. Por eso es tan importante la paciencia, nada extraordinario
se crea sin ella. La tierra tiene paciencia, como toda madre. Vive, respira con
calma. Por eso es tan maravillosa, tan perfecta. Es importante convivir en
el ecosistema, ser parte de él pero al
mismo tiempo un observador. Un invitado que debe respetar las leyes de esta convivencia perfecta, del equilibrio.
Con
paciencia, con fuerza y siendo consiente que se debe crecer derecho, puedes
llegar a cosechar los frutos del proceso. Es el fin que justifica los medios.
Es la esperanza que nos queda y donde depositar la fe. Por eso me gusta el sur.
Allá la tierra es fértil, nada malo nace de ella.
Debo
reconocer que soy una fanática empedernida del mundo en el que vivo. Me
maravilla cada una de los seres que lo habitan. Me fascinan los paisajes. Es
precioso cuando el lugar que pasas todos los días, que subestimas, que crees
conocer totalmente te maravilla mostrando todos sus colores en un amanecer. Soy
una agradecida de poder aprender observando. Soy,
siento, pertenezco, crezco, todo lo que me sucede me sucede en este pequeño
grano del universo.
Y
así han ido pasando las estaciones, marcadas con cada una de sus
características al máximo. Así llegamos al verano, lleno de tradiciones, de
transformaciones. Puedo decir que ya salí de la tierra, me decidí y luche por
llegar a sentir el sol, a poder sentir el viento y voy creciendo. Mi fe está en
que, cuando todo termine, pueda cosechar grandes frutos. Quizás por eso me
maravillo tanto con mundo, porque cuando estuve abajo soñaba con ver todos
estos colores.

pidiñi
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