Estoy acostumbrada a correr sin parar, a caerme una y otra vez. Ya no existe razón alguna por la cual esconderme del mundo. Formas extrañas tengo para aprender. Me gusta que mis colores iluminen un mundo gris y plano. Es fascinante como alguien se puede sorprender con lo que consideramos cotidiano; que crea un extraño lenguaje el de las analogías pero, que logre decifrarlo para entender lo que conllevan.
He aprendido a que se puede decir mucho en palabras simples; a no dejarme caer y que nadie pase sobre mí; a no dar mi brazo a torcer, a luchar por mis batallas internas; a dejar de dudar sobre lo que he hecho porque "Lo hecho, hecho está"; a dar vuelta páginas y guardar enciclopedias de penas porque, simplemente, "no vale la pena llevarlas".
Boté un libro completo. Llevaba su titulo escrito con sangre en la frente, marca que me hicieron y que nunca olvidaré. Algunos comprendían su contenido, otros no llegaban a imaginar la magnitud de su trama. Yo lo revivía todos los dias y me aplastaba como un insecto. Lo boté. Lo quemé y arrasó con todo a lo que estaba unido. Ahora tengo la frente limpia y en alto. Con cámara en mano y caminando, porque la época de esperar sentada, ya se fue.
Me gusta mirar hacia atrás y recordar lo que fui. Reírme de las fotos y los videos de los tiempos en que no entendía nada del mundo. Me interné en Wonderland sin saber que pasaría y, al igual que en el libro de cuentos, cuando desperté no supe si lo que pasó fue real pero no importó. Solo fue un sueño. Estamos en la realidad, cruda y despiadada. Me gusta el frio que se siente cuando estás consiente.
Dar el siguiente paso es como tatuarse la cara; tengo que estar lo suficientemente segura para darlo. Paso al costado que deja avanzar a los que vienen atrás y abre un camino totalmente desconocido.
Me gusta disfrutar del presente. Eso es otra de las cosas que he aprendido, a vivir el dia a dia sin preocuparme por el futuro. Lo que tenga que pasar, pasará aunque yo no lo quiera. Si mi destino es ese, pues, que sea. Solo podemos pedir que todo lo que venga, sea bueno y no podrido. Porque, lo podrido saca de la canasta.
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