sábado, 28 de mayo de 2011

Live and let die


Con el tiempo se han ido borrando los recuerdos. Los sonidos, sabores, canciones se han ido desvaneciendo y muy poco quedó aquí. Con el tiempo he aprendido a no pedir respuestas, a no complicarme por lo que no entiendo y simplemente vivir. Ya no tengo esa pregunta recurrente necesitando saber "¿Qué concha quieres este boludo?" porque, vamos, no nos importa realmente. Y cuando digo nos, me refiero a mi y al resto del mundo. Mi mente sigue siendo la misma favela que ha sido desde que tengo uso de razón. Sigo teniendo frio todo el día, fumando y hablando mucho. Nada ha cambiado lo suficiente para nombrarlo como el gran suceso. Seguimos aquí en la misma calle tratando de soñar para escapar. De un momento a otro extraño más de lo normal, extraño tanta gente y tantos momentos. Una lista incontable de cosas que debo hacer da vueltas por mi mente un ciento de veces.
Debo dejar de quejarme. Debo dejar que manchar la ropa con tempera, leer más, y escribir menos. Debo dejar la cámara de lado y formar parte del cuadro. Debo aprender a callar y gritar cuando sea necesario, aprender a lavar ropa y cocinar galletas. Debo decir que no cuando quiera. Debo dejar de hablar sola en voz alta, dejar de conectarme tanto y salir más. Debo trabajar más, ver más peliculas. Debo arreglar la polaroid, revelar los rollos del año pasado, juntarme más con mis amigas, aprender a calmarme, dejar de ser mañosa y usar vestidos, debo dejar de llorar con Silvio y aprender que ahora se llora con Manuel, debo pedir perdón, comprender, olvidar y dejar ir. Debo ir al cementerio, pagar mandas, comprar velas.







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