domingo, 1 de julio de 2012

El crimen perfecto


Todo se derrumba a tu alrededor. Todo cae, todo se rompe como si tuviera la fragilidad de una hoja de papel. No te interesa. Nada puede tocarte. Sientes la condena de ser inmortal en tus hombros. Estás sentenciada a seguir con esta vida que odias tanto. Vas dejando finales pendientes.  Vas dejando victimas en el camino. Vas ensuciando almas de inocentes, desterrando cuerpos. No te molesta. No es tu problema. Vas escuchando, observando, pero no sientes nada. Estas vacía. Aún así, sigues caminando. Avanzas porque no queda nada más que hacer. Si te quedas sentada, las horas pasarán más lento y el tiempo es tu peor enemigo. ¿A cuántos más habrás despedazado y desgarrado? Porque eso es lo que haces y te divierte. Es tu panorama para una noche de Sábado. Tienes el don de repartir tu veneno sin que nadie lo sospeche. O casi nadie.
Y te molesta que entienda todo. Te molesta no poder mentirle. Te molesta no poder manipularlo como lo haces con el resto. Te molesta no poder escapar. Te molesta que no esquive tus miradas. Te molesta que no te vea impredecible, desafiante, fuerte. Te molesta que te conozca tanto como para leerte completa. Te molesta que sepa que sigues siendo la misma niña parada en la puerta de su casa de noche. Te molesta y por eso, quieres matarlo. Tienes un plan maestro para hacerlo desaparecer y que no quede rastro. Será el crimen perfecto y volverás a ser libre. Podrás seguir asesinando sin que nadie lo sepa. 
No lo quieres. No quieres a nadie. Pero te duele no verlo en los rincones siendo testigo de tu maldad. Lo buscas entre recuerdos que aún quedan. Lo buscas para escuchar su voz, esa que nadie más que tu escuchaba. Lo buscas para ver sus ojos. Tratas de recordar la última vez que sentiste algo. 
Esa mañana el sol te daba de frente y te quemaba la cara, pero aún así, no buscabas la sombra y soportabas el fuego en tu piel. Sabías que debías seguir pero el paisaje te mantenía en un trance del que no querías salir. Te miraste las manos y estaban llenas de colores. Colores que nunca antes habías visto. Intentaste despertar pero tus ojos se negaban a ver la realidad. Sabías que tenías que recordar todo. No podías permitirte olvidar, pero lo hiciste. Lo hiciste porque eras feliz. Lo hiciste para protegerte. Lo hiciste porque era un sueño. Esa mañana fue la última vez que te permitiste sentir. Cuando fue la hora de despertar te vestiste con una coraza que nadie más a podrá romper. Que nadie más podrá cruzar otra vez.
Lo eliminaste. Lo aniquilaste. No pudiste perdonar el crimen que había cometido. La gran falta que nunca podrías olvidar. Merecía desvanecerse y volver a la nada que era en el principio de los tiempos.
Ya no lo encuentras en las habitaciones. Ya no te quema. Solo quedan cenizas y evidencias que esconder. Por fin, lograste sacártelo. Puedes comenzar otra vez en donde nadie te conozca. Solo quieres correr. Corres para que nadie te critique pero cuando te das cuenta estás embrujando a alguien nuevo para que te siga y no estar  sola. Pero así terminarás, sola. Sola con los fantasmas de todos los que mataste a sangre fría, de todos con los que jugaste, de todos a los que les prometiste un mañana que nunca llegará. Juraste cosas que no podrás cumplir, que no quieres cumplir. Juraste cosas que no te importan porque nada te importa. El veneno que llevas en la sangre seguirá pidiéndote que mates hasta que no queden mañanas. Porque vivir para siempre es tu condena. 

1 comentario:

  1. a pesar de estar ligado a temas que hoy en dia son muy frecuentes de leer, como el dolor, no cae en lo trillado y puedo decir que realmente me gusto (y mucho)

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